Como primer paso se realizó un estudio inicial del conjunto edificado existente para comprender su lenguaje arquitectónico y su materialidad. La ampliación de 22.000m2 de la plaza de La Moraleja se plantea como una arquitectura análoga a la ya existente en La Plaza de los Ciervos, de piedra clara y ladrillo, en dos plantas con cubiertas de pizarra, dispuesta en cuatro edificios.
La ampliación se conecta a través de una plaza peatonal porticada en la que se sitúa comercio y restauración. En su extremo oeste conecta con el eje también peatonal que conforman los otros tres edificios y contienen la mayor parte de la dotación de oficinas en ellos; de esta forma, se concibe como un conjunto peatonal integrado en el pinar característico de la finca original de la Moraleja, haciéndose una extensión con continuidad del conjunto original ya existente.








